Linkedin, el elefante en la habitación.

Por si no se ha notado aún, LinkedIn es una red social. A pesar de tener funciones como e-learning para usuarios premium, no es una biblioteca. Aun teniendo funciones de blog, no funciona como uno. Me gustaría decir lo contrario, pero LinkedIn es, como cualquier red social, un altar al ego personal.


La incomodidad que nadie admite y todos aceptamos.

Es una red social.
Y entre más rápido te des cuenta de eso, mejor podrás explotar sus debilidades y sus fortalezas a tu favor; al favor de la “marca personal” que decidiste publicar en este espacio.

Es, tal vez, la principal fuente para conseguir empleo en 2026 y, de paso, el escaparate donde todos practicamos una versión “blanqueada” de nosotros mismos (yo la llamo “corporative friendly”). Una vitrina donde el cansancio se convierte en resiliencia, la explotación en aprendizaje y el burnout en “crecimiento”.

Yo la uso.
La uso activamente.
La uso más que mis otras redes.

La uso, especialmente ahora que estoy buscando trabajo. Quisiera no verme desesperado, pero, al igual que otros profesionistas, estoy concursando activamente en esa red por una mejor oportunidad laboral.

La uso para enterarme del chismecito corporativo: quién es quién en la industria, qué “pez gordo” se comió al “pez startup” (y viceversa); para ver si el pasto está más verde en el jardín del vecino y, de paso, aventarle mi CV cual volante publicitario; para medir el mercado mientras mi entraña se carcome por la eterna insatisfacción.

Porque sí: aunque seamos adultos funcionales, hay por ahí egos frágiles que consideran traición el simple acto de buscar algo mejor.

Por cierto: si en tu empresa se enojan porque buscas empleo o porque publicas en tus propias redes (sobre todo las más personales), ahí no es. Es una red flag de un ambiente laboral coercitivo y, en mi opinión, deberías buscar mejores oportunidades laborales.

Pero volvamos al punto: LinkedIn incomoda, da “cringe”.
Incomoda más que nunca.
Y esto no es una coincidencia pasajera.


El teatro del optimismo FORZADO

No es que LinkedIn se haya “convertido” en Facebook 2.0. Siempre fue postureo. Solo que, cuando llegó el boom de la IA generativa, el teatro encontró en esas herramientas a un artista con megáfono: un aliado que le da forma a sus conceptos rancios y genera contenido “fast food” a una velocidad obscena.

Más rápido.
Más plastificado.
Más optimizado para sonar inspirador.
Más falso también.

Se sabe que el algoritmo no premia lo real; premia lo corporativamente aceptable. ¿Te das cuenta de que no existe un botón de dislike o de desaprobación? No existe el desacuerdo estructural. Es de diseño. Solo positividad forzada.

En esta red encuentras posts rancios; odas al trabajo y al burnout que harían sonrojar a Stephen Candie, de Django Unchained.

Me gustaría pensar que LinkedIn no es puramente malvado. Tal vez solo es el reflejo de los tiempos salvajes que nos tocó vivir. Tal vez es el diseño de su propio entorno el que premia la obediencia estética y confunde el realismo con pesimismo aburrido.

Y eso, si tienes un ápice de conciencia ética y de clase, te genera una incomodidad difícil de ignorar.


El mal necesario.

Yo detesto LinkedIn…
y aun así lo uso.

Lo uso porque necesito trabajo.
Lo uso porque, en el pasado, conseguí empleos corporativos que me dieron experiencia y lecciones importantes.
Lo uso porque de indignación no se come.

Eso no le quita lo repulsiva que puede ser esta red.

Hago uso de LinkedIn (y del Premium, al menos hasta que termine el año que ya pagué) porque estoy procesando un duelo laboral que todavía me pesa. Veo esta red como un “purgatorio” entre un empleo y otro; el peaje que debo pagar para encontrar el siguiente. Es supervivencia. Mero darwinismo Godín.

No voy a negar que hay algo esquizofrénico en eso: sentir rechazo por un ecosistema y, al mismo tiempo, depender de él.

Pero LinkedIn tiene su propio código de conducta no escrito. Sus patrones. Sus sistemas de premio y castigo.

Madurar como profesionista —y como persona— es hacer las paces con tus contradicciones, hacer el balance de valores final y no perder tu identidad en el proceso.


sobreviviendo al algoritmo

Repite después de mí:

LinkedIn, como el trabajo, es solo un medio.
No es el fin.
No es un espejo.
No es el ideal al que deberías aspirar laboralmente.

Aclaremos algunas cosas para separar la identidad que construyes en esta red de tu marca personal y de tu persona en sí. Cada una converge en tu identidad, pero ninguna es tu totalidad (para más detalle, sugiero acudir con un especialista en salud mental).

  • No confundas tu feed con la realidad.
  • No discutas política en un espacio diseñado para reputación.
  • No reacciones en caliente.
  • No compitas por parecer más iluminado que el resto del teatro.
  • No publiques nada que no soportarías ver en un screenshot fuera de contexto.

Si no tienes nada “corporative friendly” que decir, no digas nada.

Escribe tu respuesta impulsiva en un blog o en un cuaderno roñoso. Enfría la cabeza. Luego revalora si realmente vale la pena publicarlo, pero ahora con más calma, con mejor juicio.

LinkedIn es postureo, pero con corbata y traje. No niego que puedes encontrar algo útil ahí; tampoco niego que cultivar el networking puede hacer crecer tu marca personal y tu carrera profesional.

Solo no confundas tu identidad con ese constructo.


Construir un refugio Afuera.

Recuerda: LinkedIn no es un espacio amigable. Es como el trabajo: un lugar alienante.

Puedes tomar como referencia este consejo que una vez me dio una mentora de RH:

Cuando publiques algo polémico o que no es “corporative friendly” en LinkedIn —ya sea un post o una respuesta— pregúntate:
¿Esto podrían verlo mis jefes?
¿Mis clientes?
¿Mis potenciales clientes?

Si necesitas gritar, hazlo fuera de la aplicación.
Si necesitas disentir, hazlo fuera de la aplicación.
Si necesitas escribir con rabia, hazlo en un espacio que no esté diseñado para convertir tu inconformidad en “engagement”.

Hay espacio para todo; un blog, el cuaderno roñoso, una conversación real con un amigo real, o con el terapeuta, o con tus padres.

LinkedIn no es el enemigo, pero tampoco es un confidente. Es una red social que opera con los mecanismos de un corporativo: un ambiente con incentivos claros. Y aun quienes llevamos años trabajando para corporativos podemos encontrar frustrante la cultura particular de LinkedIn.

Y si después de cerrar la pestaña sientes disonancia, tranquilo:
no estás loco, no hay algo roto en ti.
Solo estás un poco más despierto.

Eso no es necesariamente bueno ni malo. No te hace especial.

Pero puedes hacer algo bueno por ti y por tu carrera profesional:
empezar a jugar el juego del postureo a tu favor, para variar.

Deja un comentario